ENSAYO POÉTICO ACERCA DE
(Continuación del prólogo de En el páramo amoroso)

Recuerdo una mañana, en México, hace poco más de dos años. Un grupo de poetas de todo el mundo había sido invitado para celebrar el septuagésimo aniversario de Octavio Paz. Antes de una mesa redonda sobre poesía latino americana, el poeta colombiano Álvaro Mutis, que debía actuar como moderador, nos contó que antes de salir de su casa su mujer le había hecho la prueba del «I Ching» y que el resultado aconsejaba que tratase de no hablar. Así procedió, pidiéndonos a los otros participantes que accediéramos a su presencia prácticamente muda. La sesión se coordinó sola. Pero al finalizar intervinieron algunos asistentes y uno de ellos, el que nunca falta, se sintió obligado o comprometido a formular la pregunta arcaicamente estulta: “¿Para qué sirve la poesía? ¿Para qué sirve, en un mundo lleno de abominaciones, como el hambre, la pobreza, la enfermedad, la guerra, la injusticia, la opresión, la tortura, la violencia, la muerte?”. Entonces aconteció lo imprevisto: Álvaro Mutis violó su propósito de casi esotérico silencio y nos pidió que le dejáramos contestar a él. Dijo así estas palabras que no olvido: “Frente a todo lo que usted dice, quiero manifestarle que yo no tengo, no he encontrado más solución que escribir poesía todos los días”. *

La poesía que, en la experiencia nace de un impulso de necesidad, parte de un estado (ya sea de observación, meditación, etc.), sentimiento o sensación propios y personales, ocasionales o no. En la poesía este sentimiento, o lo que sea, pretende ascender a cotas más altas. Aspira a la universalidad de ese sentimiento mismo, a un pulso común en el ser humano. De la misma forma, esa acción debe versar en el trayecto de la creación poética entre la unicidad del individuo y la globalidad de un sentimiento universal; y así constantemente, de una forma necesitada similar a la apelación entre el «Da sein» y el «yo histórico» en términos existencialistas del campo filosófico. Pero con un funcionamiento a modo de pulsión, de nuevo Serenidad heideggeriana, que creo fundamental en el ser humano; así como actitud y dogma para el diálogo entre el ser y las cosas.

A través de este ir y venir, el poema expresa la unicidad del ser en la existencia («el estar yo aquí») requiriendo al ser en toda su historia («ser siendo»). El primero haciendo referencia a la movilidad del Ser efímero y consciente, el segundo haciéndolo a la inmovilidad del No-Ser o de la Nada eterna e inconsciente; ambos conceptos elaborados y explicados en el soberbio ensayo de Gustave Cohen sobre El cementerio marino de Paul Valéry**.

El escritor Julio Cortázar recibió cartas después de escribir su novela Rayuela en las que aparecía “me has robado este libro”. Cortázar llega a decir que es cierto, aunque el libro fuese suyo. Se deduce en conclusión que en cada época predomina un sentimiento latente en la sociedad.

El poeta busca, en la unicidad de su sentimiento solo, las palabras que lleven lo personal a lo universal. La comunicación, interacción y animación de unos sentidos a través de la palabra para lograr otra comunicación ecuménica que haga de lo uno todo y de lo todo uno.



* Roberto Juarroz. Poesía y Realidad. 2ª Edición. Valencia. Pre-Textos. 2000.
** Paul Valéry; Gustave Cohen. El cementerio marino. Ensayo de explicación de El cementerio Marino. Primera edición en «Área de conocimiento: Literatura»: 2002. Madrid. Alianza. 2002.